Crónica

27 junio, 2017

Héctor Nain, un agradecido de Dios y del Club de Leones de Puente Alto

PERSONAJE SEMANAL

Héctor Nain (44) es desde hace 13 años el encargado de seguridad del Club de Leones de Puente Alto. “Más que el guardia del lugar me considero un mayordomo, pues realizo varios trabajitos, como por ejemplo, poner música en los eventos del club, así como atender al público y veo algunos temas logísticos en las reuniones”, relata a PALD.

Menor de tres hermanos, hijo de padre con una vida muy sacrificada  a quien ve como su un ejemplo, pues cuenta que éste llegó a la capital desde Temuco con tan solo 13 años, completamente solo, hasta que  finalmente encontró trabajo: hoy es jefe de sepultación del Cementerio General, empleo en que se desempeña por más de 50 años. Su madre en tanto, trabajó por mucho tiempo en el ejército y hoy es dueña de casa.

Ya antes de terminar el colegio, don Héctor se encontraba pololeando con quien sería su futura esposa, llevando a la fecha 26 años de feliz matrimonio, relación de la que nacieron tres hijos, a quienes asegura adora con el alma. “En esos tiempos la edad legal para casarse era a los 21 años. Ya a los 19 convivíamos juntos, eso sí, con la autorización de nuestros padres. ¡Eran bien distintas las cosas antes!”, afirma.

Sus primero trabajos estuvieron ligados al área de la metalurgia, pues poseía título de técnico en mecánica industrial. Tras 3 años de ejercicio, tuvo que cambiar de rubro de forma obligada, pues por esos años (fines de la década de los ‘80) la industria nacional comenzaba a experimentar una fuerte caída, cerrando muchas fábricas ante la oferta de productos traídos desde el extranjero con los que era difícil competir en temas de precios.

Fue así como entró a trabajar como guardia en una empresa se seguridad, en la cual se le capacitó en varios cursos, desempeñando funciones en el club de Polo San Cristóbal y la Escuela de Equitación.

 

PASAR LEONÍSTICO

Don “Richi” lleva ya 25 años viviendo en Puente Alto, donde primero arrendó y luego compró una “casita” junto a su señora, pues ambos se enamoraron de la capital provincial. Fue también en esta comuna donde su esposa entró a trabajar como auxiliar en el Club de Leones. “Un día, ella me dijo que necesitaban un maestro,  y bueno, como el chileno pitutea para todos lados, vine al Club de Leones a hacer trabajitos de gasfitería, construcción, pintura, ¡yo me las ingeniaba por todos lados!”, señala. “Lamentablemente, acá hubo un robo, y como ya tenían mis papeles, me pidieron que trabajara como guardia dos días a la semana y que hiciera un par de trámites. Esos dos días se transformaron en una semana, luego en un mes…  y bueno, ya llevo 13 años trabajando acá, de donde no me he movido más”, añade.

Su experiencia trabajando en el Club de Leones de Puente Alto la califica como excelente, siendo un agradecido de la institución por toda la ayuda que le ha  brindado, así como al de “arriba”. “Gracias a mi trabajo mis hijos son profesionales. Además, los leones realizan una maravillosa labor de ayuda social a quienes más lo necesitan, tanto a nivel local como internacional. Yo, como trabajador, también aporto con mi granito de arena”, sostiene.