Reportaje

28 agosto, 2017

De técnico agrícola a destacado peluquero canino

De técnico agrícola a destacado peluquero canino

El joven matrimonio de Karina Saldivia y Rodrigo Benavides dio un vuelco inesperado hace dos años.

Tras trabajar por diez años en una veterinaria, Rodrigo ya no aguantó más, decidió tomar nuevos rumbos.

Sin embargo, el proceso se fue complicando, ya que a veces las cosas no salen como uno las piensa.

Aproblemados económicamente y sin tener certeza del futuro laboral, Karina, como casi todas las mujeres chilenas, decidió tomar el toro por las astas y apostó todo para que Rodrigo se especializara en lo que ella creía que tenía ‘manos’ o ‘pasta': ser peluquero canino.

Y es que estar una década en una veterinaria le permitió conocer el rubro desde abajo, hasta llegar a cortar el pelo con cierto grado de estilo, aunque no profesionalmente.

Con estos antecedentes, decidieron entonces invertir lo que tenían de reserva y endeudarse un poco más para pagar un curso en una prestigiosa academia de Barcelona, España, por el lapso de un mes.

Esta fue la apuesta de los Benavides-Saldivia, que hoy está dando sus frutos.

Tras empezar cortando el pelo de manera casi clandestina en su casa, ahora cuentan con una peluquería que han ido agrandando en cuatro oportunidades y donde los clientes tienen que pedir hora para que las mascotas tengan su momento.

Acá parte de la historia de estos emprendedores puentealtinos con raíz sureña, ya que él es oriundo de Valdivia, mientras que ella es de la austral Chaitén.

-Rodrigo, ¿cómo llegaste a esto de la peluquería canina?

-Por necesidad. Soy técnico agrícola proveniente de Valdivia y me vine a Santiago por mejores oportunidades. Tras un tiempo quedé sin trabajó.

Luego ingresé a una veterinaria de chofer y de ahí empecé a bañar perritos de a poquito. A cortar, peinar, a atreverme de a poco.  De eso van 12 años.

Estuviste una década ahí.

-Fue ese el lapso de tiempo que aguanté a mi jefe. Después quería cambiar de rubro y mi señora me incentivó a hacerlo. Ella siempre me ha impulsado y ayudado. Y me dijo que por qué no tomaba un curso de peluquería canina.

Así en octubre de 2015 me fui a España. Mi señora me dijo que había que cambiar. Abrir el panorama.

Me fui a España solo hacer el curso. Nos endeudamos para que yo fuera. Uno puede tomarlo acá, pero es más de lo mismo. Salir afuera es otra cosa. Yo estaba sin trabajo ese tiempo.

De esta forma Rodrigo se insertó en la academia de Emilia Díaz, que es una eminencia a nivel internacional respecto a tratamiento capilar canino y estética.

Tú habías aprendido de manera autodidacta, me imagino que eso te sirvió cuando llegaste a la academia.

-No llegué en blanco. Llegué en un nivel aceptable debido a mi experiencia en la veterinaria y a autocapacitación que uno puede hacer viendo videos en youtube.

Fue un mes intensivo en Barcelona.

¿Cuándo abrieron la peluquería?

-La peluquería ya estaba funcionando, pero a puertas cerradas -en calle Jorge Ross Ossa 1254, ciudad del Sol-. Yo seguía sin trabajo, pero quería cambiar de rubro. Mientras tanto tenía que hacer lo que sabía, que era el tema de los perros.

Empezamos una campaña con volantes en el barrio, a trabajar con los perros de los vecinos de a poquito. Luego cuando vimos que el ritmo empezó a tomar más fuerza, empezamos a comprar los materiales e insumos. Esta peluquería la hemos agrandado cuatro veces. A medida que tenemos la necesidad de ampliarnos lo vamos haciendo, pero para eso hay que juntar dinero.

¿Solamente te dedicas a esto ahora?

-Sí, solo a la peluquería canina.

 

APRENDIENDO A INNOVAR

En el país, el rubro de la peluquería canina aún está en fase inicial, de ahí que es necesario ir incentivando a los clientes a que innoven en el cuidado y mantención de las mascotas.

¿Cómo se trabaja con el estilo del corte para un perro?

-Depende mucho del pelaje, pero hay estilos como el asiático, japonés, libres. Uno puede hacer de todo. En el país estamos en este ámbito en pañales todavía. La gente aún no se atreve hacer cosas nuevas con su perro, entonces cuesta un poco.

Lo que hacemos es que nos conseguimos perros, hacemos un trabajo con él y luego las fotos que tomamos las subimos al facebook para que la gente vea cómo quedan los perros con el pelo largo o corto.

Por lo general a la gente le gusta el pelo corto, porque dura más, pero se debe enseñar que el perro puede tener el pelo largo, pero con cuidados. Así se evitan las motas y luego tener que pasarle máquina y dejarlo pelado. Eso es lo que no hacemos acá.

-Al chileno siempre le cuesta innovar. ¿Qué pasa cuando vienen algunos clientes y  no saben qué pedir?

-Nos dicen que quede bonito. Uno no sabe los gustos de los dueños, por eso uno empieza a ingeniarselas y darle detalles.

En estos dos últimos años, ¿esto ha ido variando?

-Sí. Yo cuando empecé acá, los perritos venían dos veces al año. Ahora tenemos clientes de mantención, como le llamamos, y vienen cada 15 días o una vez al mes. Esa es nuestra principal cartera de clientes. A la gente le gusta ese perro peludo y bien mantenido, pero para eso hay que hacer un trabajo de largo plazo. El cliente invierte tiempo o invierte en la peluquería.

Hay que ir enseñándole al cliente sobre los cuidados de su perro y qué podemos hacer por él.

Muchos creen que este tipo de negocio se basa en razas específicas, que son perros chicos y de compañía. ¿El espectro se ha ampliado?

-Mira, también vemos otro tipo de perros. De hecho, la mayoría de los clientes de mantención tienen perros rescatados. Tengo clientes que tienen perros carísimos y andan en la calle.

 

EL NEGOCIO CRECE

Así como la gente está gustando por perros de raza -incluso han subido los delitos de robo de canes- el comportamiento de los dueños se ha modificado, debido, en especial, a que la mascota se transformó en un ser que no solo necesita agua y comida.

¿Cuántos perros atiendes durante la semana?

-Estamos en un promedio diario de 7 a 10 perros. Los sábados sobre 20. Nosotros trabajamos con agenda para la semana. El día jueves, por ejemplo, se copan todas las horas del sábado. La gente ya se acostumbró que nosotros ese día estamos llenos.

¿De dónde son los clientes?

-Son de Recoleta, Independencia, Las Condes, Santiago centro, Lampa, Puente Alto y otras comunas cercanas.

¿Y cómo llegan acá?

-Han pasado por distintas peluquerías donde el peluquero lo que ha hecho es dejar al perro pelado, que es lo más rápido.

A esto hay que dedicarle tiempo. Nosotros no somos una peluquería cara, porque tenemos que cobrar precios razonables por la competencia que tenemos en el sector.

¿Y la gente cómo llega? ¿Publicidad o comentarios de boca en boca?

-La gente llega por varias vías. Nosotros no publicamos muchas cosas, pero cuando lo hacemos en face, llegan nuevos. Mucho cliente es por el boca a boca.

Acá tenemos un ventanal para que la gente vea cómo se le trata a su perro. Hay peluquerías donde el perro lo hacen pasar a una pieza y el dueño no sabe lo que le están haciendo hasta cuando salen.

¿Crees que este tipo de servicio ya está dentro del presupuesto mensual de la familia?

-Sí, ya la gente lo está considerando. Mis clientes lo han entendido así.

-¿Qué pasa con la competencia?

-Hay de todo, llevan más tiempo que nosotros, pero no se han capacitado. Yo creo que hay que hacerlo.

 

 

COMPETENCIAS

Rodrigo le tomó el gusto a los torneos luego que la dueña de la academia de Barcelona lo contactará para que participe en un concurso que se hizo en mayo de 2016 en Santigo.

Allí, representó a una reconocida marca de shampoo canino, obteniendo el primer lugar. Desde ahí, no ha parado en ir a competir.

‘Mi primer torneo fue en mayo de 2016 acá en Chile, en espacio Riesco y lo gané. Me quedó gustando. Luego en noviembre fui a otro y obtuve el tercer lugar. Este año, en febrero, fui a Estados Unidos, luego de la invitación de un juez que vino a uno de los torneos. Me dijo que lo acompañara como su asistente para competir con una raza determinada. Me fui y saqué el primer lugar’, detalló a reportajes de PALD.

Hace una semana, Rodrigo fue a Brasil a participar de un torneo internacional, siendo la primera vez que lo hacía de manera ya profesional.

En Sao Paulo, entre más de 500 participantes, obtuvo el segundo lugar en su serie utilizando un ejemplar de raza  scottish terrier.

‘Yo trabajo con un criador y  voy todos los sábados a practicar con esos perros. Yo fui con uno de ellos a Brasil’, contó.

¿Este es tu presente y tu futuro?

Sí, además me gusta la competencia. Más adelante tenemos la idea de montar una escuela y subir el nivel de la peluquería canina.

Acá  hay buenos peluqueros pero cuesta innovar.

 

LA IMPULSORA

Karina Saldivia es la esposa de Rodrigo y la gran impulsora de este emprendimiento. Ambos saben que esta decisión les cambió la vida y que prácticamente no hay vuelta atrás.

“Fui la que empujé a Rodrigo para que se metiera en esto y no fuera un peluquero del montón, perdonando la expresión. Hay mucha gente que no quiere invertir en capacitación. Rodrigo cuando fue a Barcelona se dio cuenta que tenía manos para esto”. 

¿Cuándo fue el momento el momento cuando le dieron un giro a sus vidas?

-La verdad estábamos muy complicados económicamente. Pero todo estaba en sus manos, y ahí dijimos que había que tomárselo en serio.

Yo soy la dueña, él solo trabaja (dice entre risas). Tenemos dos asistentes y de apoquito  estamos dando trabajando.