Reportaje

30 abril, 2018

¡Los inseparables hasta en la muerte!

¡Los inseparables hasta en la muerte!

 

 

 

Juan y José
sentados contra el muro del frontón
hacían planes mientras reponían fuerzas.
Dudaban
entre ir a la escuela o al río a pescar,
cuatro cangrejos para la merienda.
Nadie jamás
vio amigos más unidos que esos dos
que a un tiempo descubrieron
el fuego del licor, el brillo del dinero,
el automóvil, el cine y la mujer.”

 

Así reza el principio de una de las canciones del catalán Joan Manuel Serrat, que lleva por título, casualmente, “Juan y José”, y que para el inicio esta crónica, creo, calza justo.

La partida de los feriantes Juan y José Sequeida impactó de lleno a toda esta familia, que por más de seis década ha estado ligada a venta de hortalizas, verduras y frutas.

Sus amigos y vecinos feriantes, también han llorado la violenta y repentina despedida de este mundo de estos hermanos, que no podían estar uno sin el otro.

Separados por dos puestos en la feria grande de Puente Alto, tuvieron una vida llena de trabajo, de levantadas madrugadoras y de días agotadores.

Sin embargo, el lado b de ellos está plagado de buenas anécdotas, de viajes de placer, de comer platos exquisitos, de beber buenos licores y de disfrutar del dinero que tanto costaba ganárselo.

Acá un pequeño trozo de sus historias, ya que el grueso de ellas las estarán contando quizás dónde los inseparables Sequeida.

 

 

LUNES DE CHACRA

 

La historia de los Sequeida en la feria nació con el padre de Carlos, Juan, José y Pascual, quienes a corta edad ya estaban entre los cajones de verduras y hortalizas ayudando y conociendo el rubro.

Tras el paso del tiempo y al hacerse mayores, cada uno de los hermanos comenzó con su puesto de manera independiente, aunque nunca significó un distanciamiento. Todo lo contrario.

Carlos, el mayor, falleció hace más de una década y los tres Sequeida que quedaron hicieron un círculo de fraternidad inquebrantable.

Con el tiempo, José y Pascual comenzaron a arrendar un terreno cercano a Juan Estay. Ahí armaron una chacra, la que pasó a ser el refugio de los tres hermanos, instaurando el día lunes como “sagrado”.

Mi tío José lo pasaba a buscar como las nueve y media de la mañana todos los lunes. ‘Juanero, vamos a la chacra’, le decía desde afuera. Se iban por todo el día lunes. Allá cocinaban, se tomaban su vinito y leseaban todo el día. A veces no cosechaban nada, pero ellos se iban y lo pasaban bien”, cuenta Ángela Sequeida Angulo (36), hija de Juan.

En esas jornadas de día lunes, Juan le recriminaba a José del por qué no hacía cosas más pesadas, a lo que le respondía el “cotelo” que él también podía hacerlo.

Ahí mi papá le respondía que no porque estaba operado -lo habían intervenido hace años de una hernia-. Siempre le echaba la culpa a eso. Mi papá le respondía que estaba viejo y esas cosas”, dice entre emociones encontradas Ángela.

Juan tenía 78 años y José 74. El primero tuvo dos hijos, el segundo seis -con dos parejas-. Nunca dejaron de verse los 365 días del año, pese a que cada uno tenía sus cosas y sus propias responsabilidades familiares.

 

A veces Juan iba al médico para chequear uno de sus ojos que había sido intervenido producto de una catarata, por lo que no iba a su puesto en la feria.

Para no ser menos, su hermano José tampoco iba.

‘Ah, entonces mejor no voy. Te espero, mejor’, decía mi tío José. Luego pasaba en la tarde a verlo y preguntar cómo le había ido”, detalla Ángela.

También había tiempo para visitar los colegas enfermos y darle un par de palabras de ánimo. Todo en ese lunes sagrado.

 

VACACIONES COMPARTIDAS

Pero no todo era trabajo y levantadas tempraneras. Los hermanos Sequeida también disfrutaron de paseos familiares y entre ellos recorrieron varias playas de nivel internacional. Para eso es la plata, o no?

Ángela recuerda que cada uno disfrutada de algunos días en la playa con sus respectivas familias, pero que luego ya se unían una vez más los hermanos.

Iban a las termas del flaco. En el invierno se iban por tres días a la playa junto a un grupo de amigos que tenían (Manuel Céspedes, los hermanos Herrera, entre otros)”, detalla la hija de Juan.

Sin embargo, pocos saben que Juan y José, junto a otros amigos, visitaron Punta Cana, la Isla de San Andrés, Cancún, Perú, entre otros lugares.

Para Ángela, tanto su padre como su tío vivieron la vida a concho y prueba de ello eran las interminables historias que se contaban en la mesa, donde no había espacio para ver la hora.

Estaban bien realizados. Salieron, disfrutaron harto, viajaron, bailaron. Hicieron todo lo que quisieron hacer. En una de esas aventuras, en Punta Cana, se pusieron a fumar pipa de agua y luego les dio el ‘bajón’. Se mataban de la risa cuando recordaban eso. Ni siquiera pagaron”, cuenta entre lágrimas de alegría y pena, Ángela.

También formaban grupo para ir al casino y pasar una buena velada, donde los buenos mostos no podían faltar. Tampoco el baile, donde José llevaba la delantera.

 

EL LEGADO

 

Para Ángela y su familia no ha sido fácil perder de golpe a Juan y José. Ella a veces piensa que andan de viaje y que pronto van a volver contando sus historias, sin embargo la realidad es otra.

Desde que ocurrió el desagraciado accidente carretero, Ángela no ha vuelto a la feria a trabajar. Tener su puesto cerca de donde estaba su padre y su tío es una sensación muy difícil de aguantar para ella y para los suyos.

Yo trabajaba al lado de mi papá. Es difícil y no nos sentimos preparados para esto. Tendrá que pasar un tiempo”, responde emocionada Ángela.

Esta mujer sabe que es ella la que tendrá que seguir con el legado que dejó Juan y José, pero por lo ocurrido, tiene emociones encontradas.

Contenta y con un gran desafío. Mi padre y mi tío eran muy colaboradores y buenos. Llenar esos zapatos será muy complicado para mí, aunque yo me siento como ellos”, dice la feriante.

Para la hija de Juan, nadie estaba preparado para una pérdida tan repentina, ya que los dos estaban activos, con buena energía y siempre dispuestos al trabajo. Nunca se sintieron viejos.

A veces, rememora, Juan desde su puesto veía amigos de su misma edad, pero complicados se salud. “Pucha que está viejo mi compadre, está más caga….que yo”, era una de sus frases típicas que decía en el puesto de la feria.

 

EL FIN DE UN CICLO

 

Son pocos los feriantes antiguos que van quedando activos en Puente Alto. La gran mayoría se ha retirado o son sus hijos los que siguen con la tradición familiar.

Por ello, la partida de Juan y José Sequeida cierra un ciclo de historia, aunque todavía queda mucho por contar por parte de Pascual y su sobrina Ángela.

Lo cierto, y aunque parezca duro decirlo, lo mejor para estos entrañables hermanos fue que hayan partido juntos a la feria celestial.

Sí, aunque duela. Fue lo mejor. Qué hubiera sido de mi papá sin mi tío. O qué hubiera sido mi tío sin mi papá. No hubieran sido felices viviendo así”, asegura Ángela.

Juan y José marcaron a varias generaciones de feriantes y clientes puentealtinos, que ya no contarán con los gritos de “juanelo” y “cotelo”, pero sí sentirán su espíritu cuando recorran el pasillo eterno de la feria grande.

Juan y José

volvieron a encontrarse en el frontón
medio siglo después, y como si tal cosa
Juan preguntó:
‘¿A cuál le vas… azul o colorao…?’
y respondió el indiano: ‘Al que vaya a esa moza…
Qué cosas, Juan,
tanto rodar y estamos otra vez
en donde lo dejamos…’
‘Pero a ti, Pepe, que te quiten lo bailado…
Y gracias, Pepe, por llevarme a bailar’ (Juan y José, Joan Manuel Serrat)

(Nota en edición impresa de sábado 28.4.18)