Crónica

14 mayo, 2018

Más de mil vecinos se reunieron en Fiesta de Milagros

Más de mil vecinos se reunieron en Fiesta de Milagros

 

 

Durante este fin de semana pasado cerca de 1.500 puentealtinos participaron del cierre de la campaña ‘‘La invasión del Amor de Dios’’, que buscó durante tres meses orar y ayunar por las necesidades de las personas. Para celebrarlo, la iglesia de origen cristiano, que se ubica en Eyzaguirre 3318, en esta ciudad, organizó el ‘‘Festival sobrenatural de la familia’’, para ver las respuestas a las oraciones de las personas por sanidad, restauración familiar, trabajo y otras necesidades.

El pastor Carlos Muñoz, representante del evento, explica que ‘‘el objetivo es llevar el amor a la gente de forma práctica, para que conozca a Dios real y no distorsionado por la religión. Creemos que la solución a los problemas de ellos no está en la política, el dinero o en las terapias, sino que realmente la respuesta a la necesidad de la gente es Dios’’, dice.

 

MILAGROS CREATIVOS

Durante la jornada, agrega que le ha tocado presenciar diversos tipos de milagros. ‘‘Se han visto sanaciones de cáncer de un día para otro, en personas que estaban desahuciados. Además, hemos presenciado cómo la gente deja las muletas, las sillas de rueda o está un año sin trabajo y por causa de la invasión del amor de Dios al otro día lo llaman para una entrevista de trabajo’’, señala.

De todas las sanaciones que presenció, hubo un caso que más le impactó ‘‘la creación de órganos al interior de una joven fue sorprendente, que aún después de realizarse diversos exámenes logró sanarse producto de la oración’’. El testimonio pertenece a Constanza Cabrera que a los 15 años padeció el síndrome de Rokitansky, malformación congénita que consiste en la ausencia de vagina, útero y trompas en la mujer. ‘‘Cuando era chica fui al médico porque no me llegaba la regla y él me dijo que no tenía útero. Además, de que iba a tener que adoptar, porque no iba a ser madre. Yo no lo asimilaba al 100% pero confiaba que Dios iba hacer algo. Y cuando sané fue la mejor respuesta, porque los médicos no se explicaron cómo sucedió’’, relata.

La estudiante de Comunicación Audiovisual recuerda que el 2012 comenzó a orar con su familia por sanidad y dos años más tarde vio la respuesta. En uno de sus viajes de misiones a EE. UU asistió al médico y el profesional le señaló ‘‘que tenía útero y que, por los años de tratamiento, solo Dios podía haber realizado eso’’. En la actualidad el síndrome de Rokitansky no tiene cura, solo se puede realizar tratamientos alternativos para crear el conducto muscular femenino, sin embargo, en Constanza no fue necesario este proceso ‘‘no seguí más tratamientos. Si hubiese descubierto esto sin Dios, no sé qué hubiese hecho, pero tuve la confianza de que él iba hacer algo. Fue realmente un milagro’’, plantea.

 

Macarena Fredes C.

 

(Nota en edición impresa de sábado 12.5.18)