Reportaje

28 mayo, 2018

Refugiados venezolanos en Puente Alto

Refugiados venezolanos en Puente Alto

 

Así, y para ahorrar dinero, Carelis y su novio durmieron en el terminal internacional limeño hasta esperar la salida del bus que los traería hasta Santiago.

Hoy, los tres viven en una de las piezas más grandes que tiene el refugio para venezolanos que se ubica en un modesto inmueble de avenida Eyzaguirre, cerca de Concha y Toro.

Allí, comparten cocina y un baño con más de cuarenta compatriotas, que esperan dar el salto que les permita salir de este lugar que los ha acogido temporalmente.

 

SOLIDARIAD ENTRE TODOS

 

La joven madre venezolana trabajaba como estilista en Caracas, mientras que su pololo era técnico para instalar puntos de venta, aunque antes de partir se gana la vida como taxista.

Así como ellos, sus compañeros del refugio tienen distintas profesionales u oficios, pero todo, sin excepción, han pasado penurias por arrancar de la crítica situación venezolana y por tratar de mejorar sus condiciones de vida acá en Chile.

Jonathan Fernández, también es venezolano y es el encargado de coordinar el lugar. La idea, dice a Reportajes de PALD, es que la convivencia sea lo más amistosa posible, aunque sabe que bajo las condiciones en las que están, más de algún problema surge.

“Este refugio les permite a las personas establecerse. Lo máximo que pueden estar acá son cuatro meses. Lo ideal es que consigan su estatus migratorio legal, un trabajo y lograr alquilar. Muchos alquilan entre varios porque se conocen desde aquí”, dice este joven.

Fernández cuenta que hubo un caso donde se juntaron 11 venezolanos que lograron arrendar una casa grande con seis habitaciones.

“Sin embargo, así como se fueron estas once personas, llegó el mismo número a los pocos días después”, apunta el coordinador del refugio.

 

Como ha sido la tónica de la migración venezolana a nuestro país, cerca del 90 por ciento de los que llegan son profesionales.

“Hay una enfermera, un médico, informáticos, etc. Todos en busca de una oportunidad”, dice Jonathan Fernández.

La solidaridad es la clave para el buen funcionamiento del refugio, en especial cuando se trata de la comida y para cubrir las necesidades básicas.

Cada viernes desde la fundación Abriendo Puertas llega con comida para ser distribuida entre los residentes temporales, quienes luego cocinan de manera comunitaria muchas veces. Lo mismo pasa con la ropa, enseres y la ropa de cama. Todo se reparte lo más equitativamente posible.

Un tema importante para ayuda es la divulgación de este caso a través de las redes sociales.

Muchos venezolanos afincados en Santiago se han enterado de este refugio y llegan cada cierto tiempo con donaciones para sus compatriotas.

 

UN SOLO BAÑO

 

Antes de ser un  refugio, este lugar estaba destinado como centro de rehabilitación de personas con algunas dependencias.

El sitio, que es arrendado por la Iglesia evangélica Centro de Alabanza y Proclamación (CAP), está dividido con piezas para hombres y otras para mujeres.

Cada espacio es muy estrecho, a lo que suma la escasa luz natural y el hacinamiento propio de estos lugares, donde las literas es lo característico.

Pero el gran problema de este inmueble es que cuenta con un solo baño para más de 40 personas, lo que sin duda es un verdadero dolor de cabeza para quienes están a cargo del sitio.

“Ese es un gran problema que tenemos. Hace unos días se nos tapó la cámara porque no da para tantas personas que tenemos”, dice el coordinador.

 

Lo peor, es que no cuenta con agua caliente, ya que el calefont que hay no ha podido ser usado debido a que le falta mantenimiento.

En las mañanas, el tiempo de uso es estricto ya que todos quieren salir temprano para buscar trabajo o realizar algún trámite.

“Eso es lo que más nos apura. Tenemos graves problemas con el baño”, recalcó Fernández.

Otro tema es la calefacción para el refugio, que está construido con materiales frágiles y que no aislan el frío en su totalidad.

“Nosotros en Venezuela tenemos un clima cálido todo el año. Acá hay cuatro estaciones y el frío ya comienza a sentirse bien bravo. Necesitamos frazadas y ropa de cama y artefactos para calefacción”, cuenta este joven venezolano.

 

“LA MANO DE DIOS”

 

Uno de los personajes claves de este refugio es el pastor Bernabé Bazán, quien señala que es una misión difícil y gratificante a la vez.

“Nos ha costado mucho. Hemos perdido amigos por no creer en este proyecto o que nunca les ha gustado los extranjeros. Perdimos personas que contribuían por hacer realidad este refugio”, contó a reportajes de PALD.

El pastor relató que tras asumir esta tarea junto a su esposa, además de otros miembros de la iglesia, se inició la tarea de golpear puertas para buscar colaboración.

-¿Cómo te sientes siendo responsable de estas personas?

-Me siento como un instrumento de Dios para la esperanza de estos hermanos. Una oportunidad. Le podemos conseguir trabajo, por ejemplo, a través de gente que sigue creyendo en nosotros. Estamos haciendo algo para que gente que lo necesita.

-¿Qué mensaje le darías a la comunidad puentealtina?

-Soy puentealtino nacido en el Sótero del Río. Quiero que entiendan las necesidades que hay con estas personas. Ojalá participen más puentealtinos. Que sean parte de ésto y hacer crecer esta misión.

 

La tarea del pastor Bazán no ha sido fácil, menos cuando hay que pagar cuentas de luz y agua.

Una de las últimas boletas de la empresa eléctrica bordeaba los 700 mil pesos, deuda que fue cancelada finalmente por un particular.

Pero para todo, dice Bazán, está la mano de Dios, ejemplificando que se han acercado fundaciones y personas particulares que han creado una red solidaria con estos refugiados venezolanos.

Así, por ejemplo, el 2 de junio se realizará un bingo benéfico en el Club House, desde las 18 horas, cuyo valor del cartón es de 2 mil pesos.

Las cosas no están fáciles en Venezuela, pero tampoco en Chile -estará diciendo usted en este momento-. Sin embargo, “la única vez que debes mirar el plato del vecino, es para ver si tienen lo suficiente”

 

CIFRAS

Durante 2017 (hasta el 15 de diciembre) ingresaron al país 164.866 venezolanos, de acuerdo a números de la Policía de Investigaciones. Chile es superado sólo por Colombia y Ecuador.

Según cifras oficiales, hace tres años Chile contaba con poco más de 400 mil extranjeros, hoy alcanza casi un millón de inmigrantes. Los venezolanos son quienes más han crecido en número: un 1000% en  tres años.

(Nota en edición impresa de sábado 26.5.18)