Crónica

1 agosto, 2018

Jorge Guerra: Un hombre que lleva el ritmo marcial en la sangre

Profesor de bandas Jorge Guerra Aspe

Los desfiles cívicos militares parecieran ya no ser lo mismo sin la presencia de este profesor de vocación e instructor de corazón, ya que, tras su alejamiento, dejaron de sentirse sones marciales acordes a una gran banda instrumental, como lo hacía él, en su mejor momento, en que dirigió a la representación del colegio Las Nieves; hoy, en los desfiles los colegios sólo cuentan con bandas de guerra.

Es parte de una pasión de un profesor muy característico en esta ciudad, el que a sus 85 años, quiere seguir haciendo música y dirigiendo a sus regalones alumnos, a los cuales instruyó casi medio siglo de vida. En la pasividad de su vida, vive rodeado de fotografías y testimonios –incluida una bendición papal-  que evocan los años en que estuvo al lado de los niños enseñando aquello que corre por sus venas: el ritmo marcial.

 

RECONOCIMIENTO OLVIDADO

Viviendo hermosos años de vida, rodeado de una hermosa familia, compuesta por su compañera, Genny Bustamante; sus hijos, nietos y bisnietos, está empecinado a seguir realizando aquello que le apasiona: los ritmos marciales. Su familia lo apoya en esta decisión ya que lo ven lleno de salud y con una agilidad incomparable para sus años de vida, admiten sí que ha tenido momentos de soledad y de “bajoneo”, como dicen sus alumnos, ya que su alejamiento de la última banda fue muy silencioso. “Es triste que cuando la persona entregó todo, lo mejor de sí por tantos años a una causa y no reciba el reconocimiento por lo que realizó”.

La vida de don Jorge Guerra, es la música. En eso se lo lleva la mayor parte del día en su casa de la villa Luis Matte, escribiendo y sacando nuevos ritmos marciales para poder entregarlos en algún momento a alguien que se interese por ellos. Es habitual, admite, que jóvenes agradecidos, que fueron sus alumnos, lo visiten e incluso representantes de las cuatro ramas de las fuerzas armadas y carabineros, llegaron a saludarlo para un cumpleaños y le entonaron el cumpleaños feliz y los Viejos Estandartes.

Sus mejores años los dedicó a enseñar música a los alumnos del Colegio Industrial Las Nieves, de donde, don Jorge, guarda los mejores recuerdos, e incluso agrega: “llegué al colegio Las Nieves cuando estaban los clérigos de San Viator, a las dependencias que se ubicaban donde hoy está la nueva municipalidad, muy hermoso, siempre me recuerdo de esa congregación… sobre todo, mis agradecimientos para la señora Alicia Amunátegui, quien supo de mi alejamiento y se disgustó mucho por haber abandonado este colegio”.

Los motivos de su alejamiento del colegio Las Nieves los prefiere soslayar, por razones obvias, ya que no revisten mayor importancia, señala. Sí lleva una herida en su corazón por haber tenido un anónimo adiós de este colegio en el que estuvo por casi 40 años y en el que cruzó su umbral de salida para no retornar nunca más.

Respecto del nivel de las bandas de guerras que existen hoy en Puente Alto, con propiedad señala que existen algunas bandas que sobresalen del resto, pero que aún se necesita alcanzar un mejor nivel en la interpretación y en la lectura de música marcial por parte de los alumnos, “Puente Alto merece tener una gran banda instrumental que encajone la mayor parte de los desfile patrio, con representante de los diversos colegios puentealtinos, pero para eso se necesita voluntad y apoyo de las autoridades”, afirma.

Este octogenario profesor de música marcial aún dice tener su mejor disponibilidad para dirigir una banda de guerra, aún es más, dice estar capacitado para formar a grandes músicos, entre ellos una gran banda instrumental que requiere de bastantes conocimientos, “mi afán es seguir en la senda de la música, no quiero dejar de enseñar lo que sé a mis alumnos, para lo cual estoy disponible para el colegio que quiera contar con mi colaboración e implementar su banda”.

                De esta forma concluye la conversación con este puentealtino que irradia energías y caballerosidad, siempre bien presentado, amable y cortés, que pese a sus años no quiere detener su paso marcial sin antes enseñar un nuevo ritmo a los jóvenes de algún colegio de esta ciudad que necesitan retomar su formación cívica.