El “dulce” trabajo de Nury Rivera

Desde hace más de diez años, vende sus ricos productos artesanales  en pleno centro de Puente Alto, que van desde queques hasta brazos de reinas y alfajores.

Afuera del Banco BCI en avenida Concha y Toro, a pocos pasos de la Plaza de Puente Alto, se encuentra doña Nury Rivera, quien ofrece sus quequitos, berlines, brazos de reina, delicias, alfajores, chilenitos, muffins,  kuchens de manzanas, donuts, entre otros ricos, productos, todos de fabricación artesanal, realizados por sus propias manos y con, por supuesto, mucho cariño.

“En la mañana eso sí, me pongo primero a la salida del metro, bien temprano, pues mi día comienza a las 5 de la mañana. De ahí, tipín 9, 9 y media, me vengo para acá, donde estoy hasta las 2 de la tarde más menos. En este rubro, ya llevo más de 10 años”, señala a PALD.

Oriunda de la localidad de Lampa, cuenta que llegó a la capital provincial con tan solo dos años de edad. De su familia dice no guardar los mejores recuerdos, pues fue criada por otras personas, que cuidaron de ella, dándole todo el amor y cuidados que necesitaba.

Su educación escolar la cursó hasta octavo básico. “No me gustaba estudiar la verdad, pese que me dieron las facilidades… así que me dediqué a las labores del hogar. A los 17 años me casé, tuve mis dos hijos, más otro chiquitito que adopté como mío la verdad, y que llevas nuestros apellidos. Y bueno, me dediqué a la crianza de los tres, siendo además dueña de casa”, indica.

Fue ya con sus hijos en edad ya mayores que, un día, ayudando a una nieta, según dice, se interesó por la preparación de queques, los que tuvieron muy buena aceptación. De esta forma, comenzó a venderlos en las afueras de la Escuela Villa Independencia, yéndole bastante bien, y ya con el tiempo, comenzaría a diversificar la oferta de productos.

PLANES FUTUROS

“Todo lo que ve acá es casero, fresquito, pues tras llegar a mi casa,  me pongo a preparar altiro todo para el otro día”, sostiene Doña Nury. Sobre su interés en la repostería, o como dice ella, en las  “cositas ricas” para comer, afirma que más bien aprendió de forma autodidacta, y después fue probando diferentes recetas, lo que se le dio de forma muy natural, sin complicaciones.

¿El próximo paso? según cuenta, varias personas le han consultado si hace encargos de sus productos. “La verdad, me gusta trabajar en la calle, tener el contacto diario con la gente, a quienes ya conozco desde hace muchos años, pues me he hecho de una clientela fiel, que por ejemplo, me compra en la mañana para el desayuno”.

Respecto a lo mismo, agrega: “puede que a futuro, y si ya me veo complicada de salud y no puedo venir tan seguido, evalúe la opción de hacer despachos. Este trabajo es bien sacrificado, y además, llueve o truene, ¡yo vengo igual no más!”.