Manuel Castillo, vendedor y peoneta, repartidor y papelero

Hoy, el ex empleado de la CMPC es parte del directorio del Asociación de Ex Trabajadores Jubilados, donde continúa ayudando a sus pares.

Don Manuel Castillo  Guajardo (69) es un puentealtino de tomo y lomo. Nacido en la comuna, hijo de padre papelero y madre dueña de casa, siguió los caminos de su progenitor –por cosas del destino- pero no sin antes desempañarse en diversos trabajos, algunos de ellos que se ha ido perdiendo con tiempo, producto de la modernidad.

“Estudie en la Escuela Consolidad hasta 6º básico, pues tuve que ayudar a mis padres en la casa, siendo el mayor de 8 hermanos”, indica. Fue así como desde los 13 años comenzó a laborar para aportar en el hogar. “Fui vendedor de abarrotes en el  almacén Butto, de dueños turcos, estaba donde hoy se encuentra la tienda de Hites en el centro. También trabajé con don José Zamudio, un panadero muy conocido por esos años. Con él, íbamos en carreta a entregar pan en la población Granja Antigua. La gente dejaba en sus puertas bolsas con un mensaje de cuantos panes querían, y yo se los dejaba. Hoy, eso es algo impensado pues”, agrega.

Posteriormente, Manuel trabajó con don Segundo Rozas en un quiosco ubicado frente a la Panadería Chilenita. “Estuve ahí cinco años, repartiendo diarios a los vecinos. Cubríamos toda Santa Elena, Santa Josefina, íbamos a la feria el día sábado, los vendíamos todos. ¿Sabe? don Segundo era bien famoso, él fue un destacado atleta de la comuna, y representó a Chile varias veces en el extranjero”, relata.

Tras un incendio que afectó a la sección de materias primas en la Papelera (época en que prestó servicios al cuerpo de bomberos) posteriormente lo contactaron desde la CMPC, para ofrecerle  un puesto en dicha sección, para su asombro y alegría, ingresando de esta forma a la empresa con 21 años de edad.

AMOR PAPELERO

En la Papelera don Manuel, aparte de desempeñar labores en la sección de materias primas, se dedicó también al manejo de montacargas. Recuerda también, que los rollos de celulosa -de grandes tamaños- se cortaban de forma manual con hachas, antes de la llegada de la  tecnología, que automatizó luego los procesos. “Con hachas… ¡imagínese! Nos organizábamos en cuadrillas de seis personas, día y noche, en invierno y con frío, ¡ahí estábamos cortando sin parar!”.

Consultado por si alguno de sus cuatro hijos siguió sus pasos, dice que dos de ellos estuvieron un corto tiempo en la Papelera, pero no gustaron de trabajar apatronados, formado luego su pyme, en la que hoy les va muy bien, dedicado a rubro de la venta de confort y toallas.

Hoy ya jubilado, ve con añoranza sus años en la CMPC, un trabajo que asegura “llegó a amar mucho, y que le dio de todo en la vida”. Actualmente, don Manuel forma parte del Directorio de la Asociación de ex Trabajadores Jubilados de la Papelera, y a la vez integra la Comisión de Sanidad, en que junto a otros socios y socias visitan a ex trabajadores que se encuentran delicados  de salud o postrados en cama.

“En mi caso, tengo designada la población Papelera y la Bascuñán. Es una labor muy linda,  y en fechas como Fiestas patrias y Navidad, les hacemos entrega de mercadería (…) Creo firmemente que no podemos olvidarnos de ellos,  que dieron tanto a la compañía”,  afirma con emoción.

(Nota y fotografía en edición impresa de viernes 1/11/19)