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22 abril, 2019

El amor de Margarita del Carmen Badilla por Puente Alto

El amor de Margarita del Carmen Badilla por Puente Alto

 

Desde Lota llegó a la capital provincial, en busca de un nuevo comienzo hace ya casi siete décadas, de donde nunca más se movió.

 

A sus 90 años, Margarita del Carmen Badilla Osorio demuestra una gran energía, llevando una vida alegre y activa. Ella es la socia más “antigua” y una de las más queridas por sus compañeras y compañeros del Club de Adulto Mayor Eliseo Montenegro, que hace unos días estuvo de aniversario.

“Yo llegué a la comuna allá por el año 51, si mal no recuerdo. ¿Sabe? Me enamoré de Puente Alto más de lo que me he enamorado de algún chiquillo. Acá me recibieron con los brazos abiertos, hice mi vida, tuve a mis hijos y soy feliz”, comenta muy emocionada doña Margarita.

Oriunda de Lota, hija de padre minero y madre dueña se casa, fue hija única del matrimonio. Cuenta que tuvo una infancia ‘muy bonita’ en la región del Biobío pero que lamentablemente su padre falleció cuando era muy niña, teniendo luego que abandonar el colegio a los 12 años. “Para continuar mis estudios por esos años, debía viajar constantemente a Coronel, que quedaba bien lejos, y mi madre no estuvo de acuerdo”.

De esta forma, la pequeña Margarita salió a vender en un canastito el rico pan amasado y las empanadas que su madre preparaba, los que iba a ofrecer a los pabellones en Lota. “De chiquitita siempre me las arreglé para salir adelante, salí bien comerciante. De hecho, fui yo quien le pidió permiso a mi mamá para salir a vender y así ayudar económicamente en la casa”, afirma.

A la capital arriba, debido que en el su natal Lota se le ofreció un trabajo, “pero me pagaban más si me venía a Santiago. Fue así como llegué a Santiago, solita, pero ya contratada. Me recomendaron que dijera que era un familiar de la persona que me dio el empleo, para que no me trataran de ‘huasa’… ¡así eran las cosas por esos tempos!”.

 

MUJER LUCHADORA Y EMPRENDEDORA

Finalmente, sería en la capital provincial donde la mujer echó raíces, contrayendo matrimonio, criando a sus hijos y ayudándole posteriormente a su marido en la carnicería que ambos tuvieron por mucho tiempo. Ahí cuenta, aprendió con sus propias manos a hacer queso de cabeza, prietas y arrollados.

“Luego, después que terminara la relación con mi esposo, me dediqué al tejido y a la peluquería, y a todo lo que me ayudara para poder darles un pan y educación a mis hijos. Nunca me quedé cruzada de brazos”, asegura.

Doña Margarita admite que echa mucho de menos el Puente Alto de otrora, ese que la encandiló y maravilló cuando llegó de joven, hace ya casi 70 años, pero en que donde hoy vive eso sí, muy feliz. “Eran todo campo por acá antes, había mucho verde, arbolitos y menos cemento… La gente era más buena, nos conocíamos todos y nos cuidábamos. ¡La plaza era tan linda! Pero bueno, es la modernidad la que llega a todos lados, lo que para mí comenzó con la llegada del metro”, reflexiona.

 

(Nota en edición impresa de sábado 20.4.19)