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10 junio, 2019

Flor María Espinoza, mujer de esfuerzo e independiente

Flor María Espinoza, mujer de esfuerzo e independiente

 

Doña Flor María Espinoza es una puentealtina nacida y criada en la comuna. A sus 67 años, mantiene una vida activa, en la que el trabajo también aún es parte importante de su quehacer diario.

Hija de padre dedicado al rubro de la construcción y madre lavandera, fue la menor de 8 hermanos, matrimonio en el que sólo hubo dos mujeres. “Yo fui el conchito. Mis hermanos tuvieron la posibilidad de estudiar y nosotras, en tanto, desde pequeñas tuvimos que trabajar, desde los 10 años. Eran otros tiempos, en que el hombre llevaba la casa. Nunca fui al colegio”, señala.

De esta forma, a muy temprana edad, la vida laboral de doña Flor estuvo ligada al campo, en donde se dedicaba según sus palabras, “a cortar porotos, arvejas, choclos, así como a limpiar canchas de zanahorias, de ají de cebolla, etc.”, para que posteriormente los patrones le entregaran parte del fruto de su trabajo.

Así fue como, asegura, se acostumbró desde muy pequeña a ser independiente, a tener “su propia platita” producto de su esfuerzo y dura labor. “Eso es algo que agradezco mucho, pues me ha ayudado a ser fuerte”, afirma.

Como puentealtina de toda una vida, si bien dice echa de menos la comuna de épocas anteriores, no es contraria a los avances y a la mejor calidad  de vida que ha experimentado con el correr del tiempo. Eso sí, extraña ese Puente Alto en el que todos se conocían, y en donde el trato era más amigable. “Recuerdo cuando llegamos acá también, no había pavimento, no había agua… ¡el puro terreno no más!”.

 

SUPERANDO LOS GOLPES DE LA VIDA

Pese a demostrar una fortaleza tanto interna como externa, doña Flor recibió hace un tiempo dos golpes muy fuertes en su vida: hace 11 años partió su marido, con quien estuvo 45 años casada, y hace tan solo 4, falleció  el mayor de sus tres hijos.

“Estuve con psiquiatra, me afectó mucho sobre todo la muerte de mi hijo. Es algo para lo que una madre no está preparada. Él estuvo enfermo por unos años, pero nunca esperé ese desenlace”, señala, mostrándose aún muy afligida por el hecho.

Ya desde hace un tiempo, doña Flor es miembro  del Club de Adulto Mayor “Vientos de Otoño”, donde dice lo pasa muy bien, lo que además le ha ayudado mucho a distraer su mente de los problemas, “algo que me recomendó el doctor”, sostiene.

“Me gusta el ambiente del club, del que también soy la tesorera. Además aquí me han enseñado a confeccionar distintos tipos de manualidades, de las cuales parte vendo o  me sirven para regalar a familiares o gente cercana. Lo último que he hecho son muñequitos de calcetines y medias. A mi edad, sigo aprendiendo cosas”, concluye.

 

(Nota en edición impresa de sábado 8.6.19)