Multimedia

19 diciembre, 2018

Héctor Villegas, pasión por la fotografía

Héctor Villegas, pasión por la fotografía

Casi medio siglo lleva como fotógrafo Héctor Villegas Rabanal  (76): lo que en un comienzo partió como un hobby, se transformaría con los años en su trabajo de toda una vida, y hoy, pese a las dificultades que ha debido enfrentar, sigue al pie del cañón junto a su fiel cámara analógica.

Mayor de tres hermanos e hijos de padres comerciantes que se establecieron en Providencia, don Héctor estudió por establecimientos del sector hasta cursar 1º año de humanidades en la Escuela 104. “Tuve de director al Cantimplora  Olguín, que fue jugador de Colo Colo”, recuerda.

Tras dejar el colegio, trabajó por un tiempo en un Bazar Ani, administrado por los sobrinos de los dueños del Pre- Unic, hasta que por esas cosas de la vida, conoció   a Roberto Agüero, un fotógrafo santiaguino bien  famoso por aquella época. “Un día lo acompañé a cobrar unas platas, y me preguntó ‘¿quieres trabajar?’ y yo le dije altiro que sí”, señala, siendo de este modo Agüero su primer “maestro” en el mundo de la fotografía.

Ya con el tiempo se independizó y se decidió a recorrer diversos lugares de Chile, motivado por el mundo fotográfico. “De siempre me ha gustado hacer retratos, tomarle fotos a las personas, a los niños, es donde mejor me va”, asegura.

Lamentablemente, en el año 2003, y por una diabetes, sufrió la amputación de sus dos piernas. Sin duda un golpe muy duro, sobre todo porque don Héctor se define  como un “fotógrafo de calle”, pues desarrollaba gran parte de su labor  viajando de lugar en lugar. Pese a ello, no decayó, y siguió dedicándose a su pasión.

“Ya con los años de trabajo, mucha gente me conoce en Puente Alto, y continúo tomándoles fotos a muchos de ellos. Siempre tengo algún pedido por ahí”, afirma. De hecho, ya debe entregar unas instantáneas que tomó a unos niños que fueron reyes en el reciente aniversario número 60 de la Escuela Genoveva Moll Briones.

 

AMANTE DE LO ANÁLOGO

Pese al cambio del formato digital al analógico desde hace ya años en el campo de la fotografía, don Héctor se niega a abandonar su fiel cámara reflex.

“A mi Penta 1000 no la cambio por nada del mundo. La verdad  es que intenté con las cámaras digitales… ¡pero no hubo caso! me costaba… de hecho, tengo un par de esas, y ahí están en la casa”, comenta. “Los jóvenes, cuando me ven tomando fotos se asombran, sobre todo cuando les comento que la cámara ocupa rollos. Yo les digo que la seguiré usando, ¡pues con ésta no fallo ninguna toma!”, agrega.

Al fotógrafo se le puede ver, según él mismo indica, los días martes en la feria que se instala en la  Villa Puente Alto. Siempre va acompañado de su inseparable cámara y también de su tradicional sombrero. “Pueden pillarme ahí, no hay ningún problema”, sostiene.

 

(Nota en edición impresa de sábado 15.12.18)