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24 diciembre, 2018

Osvaldo Araya, orgullo papelero

Osvaldo Araya, orgullo papelero

Recientemente, la Asociación de ex Trabajadores Jubilados de la Papelera llevó a cabo una gran reunión con sus socios, muchos de los cuales no asistían desde hace mucho tiempo por diversas razones. Uno de ellos era don Osvaldo Araya Aguilera (88), que debido a motivos personales, no había podido ir a juntarse con sus ex compañeros, a quienes echaba mucho de menos.

“Trabajé más de cuatro décadas en la Papelera, fui mi hogar la verdad. La recuerdo con mucho cariño y ver a mis amigos acá reunidos hoy compartiendo es  maravilloso”, indica don Osvaldo, un puentealtino de corazón, nacido y criado en la comuna.

De padres “de campo” como el mismo dice, que llegaron a la capital provincial buscando mejores horizontes, don Osvaldo, el “conchito” de 7 hermanos, realizó  sus  estudios en la Escuela A114, la Escuela Industrial y la Consolidada: aquí se detiene en su relato, pues cuenta que cuando estuvo cursando en dicho establecimiento ganó el primer lugar en un concurso  de Chilenidad, gracias a un poema de su autoría sobre la Batalla de Rancagua, el que pasó a recitar sin problemas, demostrando su  gran memoria.

Tras su Servicio Militar en la Escuela de Telecomunicaciones, trabajó encerando los pisos del hogar de uno de los “mandamases” de la CMPC por esa época, don Santiago Guzmán. Sobre cómo ingresó a la empresa, recuerda: “un día llegó un mozo de la papelera a buscarme a la casa, por recomendación de la señora de don Santiago. Él me hizo hablar con la secretaria y me dijo ‘ya, de mañana comienzas a trabajar’. ¡No tuve que mover un dedo!”.

 

TRABAJO SOBRE RUEDAS

En la CMPC, don Osvaldo comenzó laborando en la sección de planta térmica, pero con el tiempo socitó su traslado al área de transportes: así fue como se dedicó a manejar camiones  y camionetas, llevando los encargos de compra, servicios y demases en la compañía, terminado finalmente como el conductor de la ambulancia de la Papelera.

“Ingresé a la empresa un 8 de enero de 1951, me acuerdo perfectamente. Este fue el trabajo de toda mi vida, en donde conocí a muchos buenos amigos y compañeros, de esos ‘viejos leales’ como yo les digo. ¿Le cuento? En el libro de la compañía nunca figuró ninguna falencia, eso sí, tenía algunas inasistencias, pero fue porque también me dediqué al deporte”, señala. “Yo estuve a cargo de las Olimpiadas Papeleras, que hasta hoy la gente añora y rememora. Incluso don Ernesto Alvear hizo unas por esos años, pero no llegaron al nivel de las que organizábamos nosotros”, agrega.

El último día de trabajo fue para don Osvaldo “muy duro”, según sus palabras, pues dicho empleo para él lo significaba todo. “Recuerdo llegué del flete final en la ambulancia, la estacioné, me bajé, y la quedé mirando… ¡besé hasta los neumáticos! Fueron muchas emociones, la vida entera paso frente a mis ojos. ¿Sabe? cuando uno trabaja  en lo que le gusta, ¡caramba que es triste la despedida!, indica con la voz entrecortada.

 

(Nota en edición impresa de sábado 22.12.18)