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25 febrero, 2019

Rosa Gálvez, buen trato y actitud positiva

Rosa Gálvez, buen trato y actitud positiva

 

Cuatro años lleva dedicada al comercio ambulante en la comuna, tras tomar la decisión de independizarse de su antiguo empleo.

 

Frente al ServiEstado de Av. Concha y Toro, a pasos de la Plaza de Puente Alto, se encuentra el carrito de Rosa Gálvez Silva, en el cual vende desde bebidas, jugos, chocolates, dulces, galletes y papas fritas, entre otros productos, lugar en el que el tránsito de personas es constante.

“Antes trabajaba en una tienda de muebles, en el persa Bío Bío, años atrás, que era propiedad de los Cárcamo Azócar. Tenían también una sucursal en Puente Alto en la calle Eyzaguirre, y uno de los dueños un día me dijo si quería irme  para allá, acepté el desafío y desde hace más de 10 años que vivo en la comuna”, cuenta doña Rosa.

Con el pasar del tiempo dice que las cosas se comenzaron a complicar, tomando  la decisión de independizarse. Según comenta, el dinero no le alcanzaba para sus gastos, debiendo mantener la casa y a la vez encargarse de la educación de Gustavo, su “conchito”, el menor de sus 5 hijos, que vivía con ella, quien el pasado año terminó su enseñanza media.

Es así como logra hacerse de su fiel carrito e ingresa al Gremio de Heladeros de Puente Alto, que la recibió con los brazos abiertos. “Me asignaron este lugar, cercano al centro de la comuna, en el que dos comerciantes ambulantes se habían ido meses antes porque no les fue bien… ¡a mí me va súper, de hecho, voy a cumplir ya 4 años aquí, de los más feliz”, señala.

Doña Rosa cree firmemente que si con su carrito le va bien, es debido mayormente al  trato afable con las personas, unido a su actitud positiva. “Si uno atiende bien a la gente, yo creo eso te recompensa. Es así como ya me conocen bastante por aquí, converso con mis clientes, me entero de sus historias y problemas.  ¿Sabe? yo puedo haber tenido un mal día, pero siempre me va a ver con una sonrisa”.

 

EL DÍA A DÍA

El día de Rosa parte muy temprano, llegando con su carrito a Av. Concha y Toro cerca de las 8.30 de la mañana, desde su casa que se encuentra pasado Eyzaguirre. Ya en la tarde, cuando comienza a caer la noche, tipo 20 horas, empieza a guardar su mercadería, mientras espera que llegue si hijo, quien la ayuda y acompaña de vuelta al hogar.

Consultada por las mejores épocas del año en relación a la venta, responde que desde  septiembre a marzo éstas se incrementan, llegando a un peak en diciembre. “Me gusta además ese mes, pues la gente anda con una actitud más buena onda, a los niños les compran más, es algo muy distinto a lo que sucede en marzo por ejemplo, sobre todo en la segunda semana, que uno ve caras largas y mayor seriedad, quizás porque la gente anda agobiada por los gastos del colegio, patentes, las vacaciones y todo eso”, reflexiona.

En invierno en tanto, su jornada laboral llega hasta las 14 horas, y los días de lluvia se queda en casa. De salud asegura estar bien, pero ya desde hace un tiempo que una tendinitis viene molestándola en uno de sus brazos.

“Yo me hice una promesa, que a los 65 años dejo de trabajar. Me gusta vender en la calle, no lo cambio por nada, el ser mi propio jefe, pero la verdad es cansador. A mi hijo ya le dije, que cuando me jubile, ¡él me va tener que cuidar pues, así como yo me preocupé de él todos estos años!”, dice entre risas.

 

(Nota en edición impresa de sábado 23.2.19)