Reportaje

13 agosto, 2018

Diego y su increíble historia…

Diego y su increíble historia…

 

 

El 13 de noviembre de 2010, es una fecha que la familia de Diego Labra, de 14 años, quisiera sacar del calendario de por vida.

Durante la tarde de ese día, Diego junto a su abuela materna María Moya (67), salían desde el cementerio Lo Prado en Avenida La Florida.

Ambos habían ido a ver la sepultura de un ser querido y regresaban con los recuerdos de esa soleada tarde de primavera.

Sin embargo, al momento que cruzaban la transitada avenida, fueron impactados por un joven automovilista que lo hacía a exceso de velocidad, además de estar bajo los efectos del alcohol y las drogas.

Su abuela María, murió en el acto, mientras que Diego, en aquel entonces solo un niño,  sufrió múltiples lesiones y un derrame cerebral, que lo tuvo en riesgo vital cerca de seis meses en el Hospital Sótero del Río.

De allí, es más el empuje de su madre Lucía Gutiérrez (40) y la voluntad de aferrarse a la vida del propio Diego, permitió que el ahora adolescente esté con vida, pero con una serie de limitaciones que quieren dejarlas a un lado a fin de que tenga un mejor vivir.

Acá la historia de Diego, todo un campeón de la vida.

 

EL RAP

 

“A los siete años tuve un accidente

Salí adelante con el apoyo de mi gente

Estoy enfermo, pero no de la mente

Nadie se me para al frente

Cantar es mi trabajo

Ahora nadie me tira para abajo

Encontré un lugar donde encajó

Encontré un ritmo desde abajo

Tiro pa’ arriba porque de nada me sirve el llanto

Con la música sí, pasé muchas cosas para llegar hasta aquí y

Aprender que esto no era para mí.

Tomen nota, Diego está aquí”.

 

 

Esta es la letra de una pequeña canción al estilo rap que creó el propio Diego Labra desde su cama clínica, la que es parte de su cuerpo desde hace siete años.

Diego, tras el accidente, quedó tetrapléjico, además de sin visión, aunque escucha en un cien por ciento y habla con una verborrea extraordinaria.

Bajo una modalidad especial, está cursando primero medio, todo un logro académico para este joven puentealtino que ama el día a día.

Una profesora va a su casa a practicarle clases especiales, donde Diego además debe responder la materia que aprendió y que su mamá o la persona que está a su cargo le lee.

“Ella (la profesora) llega a las nueve de la mañana. Me ve y me hace unas preguntas. Yo luego le respondo. Me leen libros y ahí voy aprendiendo y me enseñan de todo”, contó a Reportajes de PALD.

El promedio de Diego es un 6,7 entre los ramos de matemáticas, historia, naturaleza y lenguaje.

“A mí el ramo que más me gusta es matemáticas. Me gusta sumar, restar y multiplicar. Yo resuelvo los problemas en mi mente y luego respondo”, dice con orgullo Diego, mientras su madre Lucía Gutiérrez lo mira con ternura.

 

SIN JUSTICIA

 

Mantener a Diego con buena salud y un estado óptimo, requiere de un esfuerzo no sólo de mamá, sino que de toda su familia.

Diego tiene una habitación especial en su casa de calle San Miguel, muy cerca de avenida Gabriela Poniente, en las inmediación del Acceso Sur.

En este espacio, totalmente acomodado para él, está su cama especial, su ventilador artificial que opera todo el día, además de botellas de suero, pañales, una camilla y la silla de ruedas donada por la Teletón, aunque con poco uso, porque no es la que requiere Diego.

El pilar y casi segundo corazón de Diego es su mamá Lucía, quien nunca perdió la esperanza de que su hijo saliera con vida desde la UCI infantil del Sótero del Río.

“Lo primero que me dijeron es que mi hijo iba a morir, ya que tenía un derrame cerebral. Fueron seis meses en que todos los días escuchaba la palabra muerte. Todos los días era lo mismo. Pero gracias a Dios, no fue así y aquí estamos”, comentó la valerosa mujer a Reportajes de PALD.

Tras estar medio año en el Sótero del Río, fue trasladado hasta el Instituto Nacional de Rehabilitación Pedro Aguirre Cerda.

“Ahí empezó a salir a delante, salió hablando. Estuvo cuatro meses y me lo dieron de alta en septiembre de 2011, pero con condiciones. Tenía que tenerle esta pieza. Así llegó hasta aquí”, detalló Lucía Gutiérrez.

Pero en medio de alegría de tenerlo en casa, Diego tenía una pregunta que le daba vueltas, la que se fortaleció aún más al no escuchar la voz de abuela materna.

 

“Le tuvimos que decir la verdad de las cosas. De primera se le mintió, pero como tiene su cabeza súper buena, se acuerda de todo”, recordó la madre de Diego.

María remarca que en lo familiar y personal han pasado por muchos procesos, como el sentimental, ya que pese a que Diego lo tiene en casa, su proyecto de vida se truncó.

“Tú quieres otras cosas para tu hijo. Hay muchas que te trancan al estar Diego así, incluyendo la justicia, que no la tuvo”, comentó la mujer.

En este aspecto Lucía Gutiérrez recuerda que esperaron un año el juicio, del que al final nunca se obtuvo una sentencia correspondiente al daño causado y donde el máximo castigo fue arresto domiciliario nocturno para el responsable del accidente.

La mamá de Diego, quien tiene un carro de venta de carnes en una feria libre de El Bosque, recuerda que mientras pasaba ese proceso judicial, ella junto a su familia tuvieron que solventar los gastos hospitalarios con bingos, rifas y completadas, ya que ella como sus cercanos no estaban preparados para este shock emocional y económico.

Solo un dato. Para mantener a Diego esta familia requiere como mínimo cerca de un millón de pesos al mes.

 

FAMILIA Y FUTURO

 

Diego tiene un hermano mayor de 22 años, más dos hermanas de 17 y un año y ocho meses.

“Aquí hubo también procesos. Yo me separé del papá de Diego y tengo otra pareja, pero para todos Diego es lo más importante”, remarca.

Los cumpleaños y fiestas familiares se tratan de celebrar en la pieza de Diego, quien participa activamente de las conversaciones que se dan.

 

Para María Gutiérrez la esperanza de una mejoría en el estado de Diego es un objetivo que siempre está presente, pero para ello depende que tanto a ella como a otros padres le den las herramientas para que puedan ocurrir esos logros.

“Sería bueno contar con un kinesiólogo motor. Aquí viene uno que le hace ejercicios respiratorios. A mí me interesa que venga y que le mueva las piernas, brazos, manos, para que no se les ‘tulla’. Que nos enseñen”, dice con firmeza.

Sobre la relación con la Teletón, reveló que no ha sido muy satisfactoria, ya que más allá de entregarle una silla, no han tenido más contacto.

“Por qué no puede ir a la piscina. Por qué no nos dicen, ‘tráigalo, para hacerle ejercicios. Porque yo me sacrifico, lo llevo, pero por la forma en cómo está el Diego, es como decirnos: ‘ah, él no puede hacer nada más’”, dijo con amargura Lucía Gutiérrez a Reportajes de PALD.

Actualmente Diego y su mamá han tenido discusiones bien profundas, donde se deja sentir la etapa de adolescente y los sueños que tiene, lo que sin duda quiebra a Lucía.

“Es súper difícil. Yo nunca pensé que iba a llegar a esta edad con el Diego y que me iba a pasar. Me pide que yo lo entienda, pero le digo que ‘estamos cagaos’. Yo no le puedo mentir al Diego”, relata Lucía.

Pero dentro de este proceso complejo la fundación Deportistas por un Sueño ha sido vital para incluir a Diego en muchas actividades, lo que le ha servido a él para salir de su pieza y relacionarse con personas, en especial con futbolistas como Arturo Vidal y Claudio Bravo.

“Yo tengo muchas metas, como cosas materiales para andar con el Diego más cómoda. Ir a la playa, frente al mar. Para este verano nosotros estamos juntando plata para ir a una playa que esté frente al mar. No solo es para Diego, sino que para sus hermanos también”, recalca Lucía, pese a que su hijo le reclama que es “friolento”.

Diego, por su lado, sabe que las cosas no son ni serán fáciles para él, pero tiene sueños como todo joven.

“Quiero grabar un cd con canciones hechas por mí. Sería lindo, sería bacan”.