Reportaje

15 octubre, 2018

El cirujano que corretea a la muerte

El cirujano que corretea a la muerte

Todos, absolutamente todos, conocen al doctor Alfonso Díaz Fernández en el hospital Sótero del Río. Los que no, tienen la obligación de hacerlo y es la primera tarea que tienen que realizar los nuevos funcionarios cuando llegan a este recinto asistencial. Es casi como un ritual.
Es que este cirujano, de 80 años, lleva más de medio siglo (54) en el principal recinto médico de la zona sur de la región Metropolitana y por sus manos han pasado cientos de pacientes, muchos con pocas opciones de continuar con vida.
Vital, como pocos a su edad, sube cerros, anda en bicicleta y ama su trabajo más que nadie. Quizás esté ahí parte del combustible que lo mantiene vigente y pleno.
Hace pocos días, y como un reconocimiento por su labor, el área de cirugía adultos lleva su nombre, lo que no deja de ser un orgullo para él y para quienes se han formado bajo su alero.
Detesta la palabra retiro o jubilación, las que, si dependiera de él, las sacaría del diccionario.
Estuvo 30 años en el Servicio de Emergencia del Hospital Sótero del Río y donde fue el responsable de atender personalmente a los escoltas del ex general Augusto Pinochet, tras ser heridos en el atentado registrado en el Cajón del Maipo el 7 de septiembre de 1987.
Desde su trabajo, ha sido testigo privilegiado del desarrollo de la capital de la provincia Cordillera, conociendo su evolución desde varios ámbitos.
Su vínculo con Puente Alto es a fuego y defiende la salud pública a ultranza. No tiene consulta particular y su deseo es que la comuna cuenta con una universidad propia.

LA RADIOGRAFÍA A PUENTE ALTO

“Cuando uno analiza Puente Alto, tiene déficit de muchas cosas. Por ejemplo, merecía tener una universidad formalmente. Tal vez es una de las cosas que hace falta en el desarrollo. Pero Puente Alto, de alguna manera ha ido resolviendo sus problemas, a pesar de todo lo satisfactorio que uno quisiera”, dice de entrada el doctor Díaz.
Pero, el experto cirujano destaca, por su parte, la labor de salud que se realiza en esta zona de la región Metropolitana, comparándola con otros sectores del Gran Santiago que tienen mayor poder adquisitivo.
“Puente Alto tiene 4.2 muertes por cada mil habitantes por año, mientras que Las Condes tiene 5.2. Uno pudiese decir que si vivo acá estoy desprotegido y esa es la impresión que tiene la gente, pero si uno va a las cifras, la comuna es un buen lugar para nacer y enfermarse”, sostiene el facultativo.
-¿Qué pasa con la idiosincrasia del puentealtino?
-Eso era hace un tiempo atrás, pero lentamente Puente Alto se ha ido transformando en una ciudad cosmopolita. Ha ido llegando gente de todas partes, que ha influido en la gente de Puente Alto, la que, sin embargo, conserva un nivel de solidaridad mayor que otras personas de la región Metropolitana.
En este aspecto, destacó el doctor Díaz que el único lugar en la región -zona sur- para fiestas patrias que recibió donantes de sangre, fue el Sótero del Río.
El cirujano cree que Puente Alto necesita de un impulso extra para mejorar el sistema educacional, mejorando, por ejemplo, los liceos industriales.
“La gente necesita mayor educación y profesionalismo para su desarrollo y crecimiento”, recalcó.
El facultativo ha estado desde el año 1970 en el servicio de cirugía, por lo que tiene un diagnóstico sobre las principales patologías de los puentealtinos.
“Los chilenos tienen una manera estándar de enfermarse. Las mujeres se mueren de cáncer vesicular, cérvico uterino, gástrico; los hombres, por su parte, cáncer pulmonar, de próstata; son estándares los chilenos en este aspecto. Ahora qué pasa en Puente Alto que tiene mortalidad más que baja que otros lugares, porque en el sistema público se tiene tecnología de alto desarrollo”, destacó a Reportajes de PALD, aunque puntualizó que no todos los casos son operables o tienen buenos resultados.
“Por eso a veces la gente mal entiende que uno haga lo mismo con todos los enfermos, pero no se puede”, remarcó.

EMERGENCIAS, EL EVEREST Y MÁS

Alfoso Díaz estuvo 30 años en el servicio de Urgencia del Sótero del Río, donde, manifiesta, pasó buenos momentos y de los otros también.
Historias para contar tiene por cientos, pero hay unas que destacan sobre otra, como la noche que tuvo que atender a los escolar heridos del ex general Pinochet, tras el atentado del 7 de septiembre de 1987, en el Cajón del Maipo.
“Yo estaba de turno ese día. Me tocó operar a buena parte de ellos. Uno se preocupaba de los enfermos, nada más. Nunca me he preocupado del qué dirán o de la televisión”, recordó.
El cirujano recalca una y otra vez la capacidad del Sótero del Río en la reacción ante emergencias, siendo uno de los principales centros asistenciales que recibe más casos y complejos a la vez.
Consultado por los heridos que llegan al Sótero y la diferencia que hay entre los que ingresaban por un ataque con un arma blanca y los que son recibidos con una herida a bala, Alfonso Díaz sostiene que eso es producto del crecimiento económico del país.
“El tipo de agresión va cambiando a medida que la gente tiene más recursos. Es una incongruencia, pero es así. Y es así, porque más recursos no se acompaña de más cultura”, apuntó.
Otras de las aventuras del cirujano Díaz fue el ser parte de la primera expedición chilena en hacer cumbre en el Everest en 1997, donde tuvo que cargar por un kilómetros a uno de los montañistas que se enfermó a pocos metros de la cima.
“Una noche me llama Rodrigo Jordan para que subiera a rescatar a Juanito Pardo. Me dijo: ‘Juanito se está muriendo’. Esa noche subí en solitario el filo Este del Everest, a buscar a mi enfermo. Cuando encontré a mi paciente, él tenía una saturación de oxígeno
de 34% y yo, el médico rescatador, 54%. Tuve que bajar
con mi paciente 1.000 metros durante la noche como único
tratamiento”, detalló el médico cirujano en una breve reseña.
Conversar con Alfonso Díaz significa a estar dispuesto a pasar largas horas, a estar atento a cada detalle de sus historias, como aquella cuando operó a un paciente siendo guiado por uno de sus maestros por teléfono. O cuando una auxiliar técnico paramédico le indicó qué tenía que hacer en una operación de hígado y que estaba fuera de los formalismos catedráticos de la medicina.
Díaz, junto a la doctora Rose Marie Mege y el doctor Mario Caracci, fueron los precursores de la Escuela de Cirugía fundada en 1970 y donde el Sótero del Río fue factor clave.
-¿Qué queda para un hombre de 80 años?
-Para uno de los maestros del cirugía en el país, lo primordial es entretenerse en el trabajo, más cuando se cumple labores en el Sótero del Río, donde día a día ingresa un paciente que sorprende a todos.
“Nunca deja de haber un desafío a tu capacidad profesional, de modo que no tienes oportunidad de aburrirte y mejoras profesionalmente”, destacó a Reportajes de PALD.
Para este cirujano que ha correteado la muerte en cientos de casos, no existe el retiro, sino que más bien el acomodarse de acuerdo a las capacidades que van quedando.
El doctor y cirujano Díaz es parte de la de la historia viva de la comuna, a la que, sin duda, le gustaría intervenir para sacarle los males, aunque ya cientos de puentealtinos son otros tras pasar por sus manos.

SU PADRE, GESTOR DEL METRO
Alfonso Díaz Ossa fue el padre de este experto cirujano y su vida estuvo ligada al servicio público. En una reseña escrita por el propio facultativo, por su nombramiento como “maestro de la cirugía chilena”, escribió al respecto: ‘Mi padre fue sumariado por malversación de fondos. Se le ocurrió que la ciudad de Santiago necesitaba un metro. Le dijeron que estaba loco. Mi padre decidió efectuar el estudio que demostró que Santiago necesitaba un servicio de transporte subterráneo, pero para ello tuvo que financiarlo con una malversación de fondos que merecieron la felicitación del Presidente Eduardo Frei Montalva’, sostuvo en este documento.

(Nota en edición impresa de sábado 13.10.18)

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