Reportaje

23 octubre, 2018

La rebeldía artística de “Kastro”

La rebeldía artística de “Kastro”

Casi como una suerte de simbolismo, el encuentro que sostuvo Reportajes de PALD con Miguel Ángel Castro (32), fue a los pies del monumento al rebelde patriota, Manuel Rodríguez. Nada es casualidad, dicen siempre.
De carácter díscolo, se abre a la conversación paso a paso, como tanteando el terreno. Ya un poco seguro, vuelca toda su rebeldía y postura rupturista, donde tiene reparos en la crítica, la que sostiene en base al arte y al proceso de cambio que puede generar.
Estudió Teoría del Arte en la Universidad de Chile, aunque decidió salir “al mundo” real experimentar y empaparse de lo que estaba pasando en las calles, con la misma gente.
Con una habilidad innata para el dibujo, se define como “escritor de graffiti”, algo así como la marca un estilo registrado por artista que lo plasma en un muro callejero.
De ahí Castro ha evolucionado al muralismo y a los mosaicos, encontrando tierra fértil en Puente Alto, comuna con la que tiene una relación de amor y odio.
Acá, parte de la historia de este artística con Puente y de cómo siente este proceso de intervenciones con algo histórico e irrepetible.
También, claro está, los detalles que lo han marcado, como cuando hizo su primer trabajo en la ciudad y lo estafaron. Nunca se ha olvidado de este hecho y de quién lo hizo.

CON 15 AÑOS

A esta edad Miguel Ángel Castro llegó a Puente Alto desde la comuna de Independencia, trayendo bajo sus brazos lápices y cuadernos. Lo suyo era pintar. Sabía que tenía habilidad.
Así, ya con 17 años, llegó su primer trabajo, el que pudo ser último, ya que su experiencia no fue de las mejores y lo marcó para siempre.
En esa época fue contactado por un reconocido “agente cultural” de la comuna a fin de que pusiera su talento en restauración y mejoramiento de la fachada del teatro Palermo.
“Fue curioso, ya que la primera vez que trabajé, me estafaron. La persona, que es un ‘estafador del arte’, nunca me pagó por ese trabajo. A él le pagaron y se llevó mi dinero. Pero mi ímpetu fue más fuerte que eso y seguí trabajando. Igual fue rudo, ya que siendo menor de edad y que te ‘caguen’, es un aliciente para no seguir, pero afortunadamente yo fui más fuerte que eso. Y aquí estoy”, dice con fuerza Miguel Ángel Castro.
Tras salir del liceo Comercial de la comuna, ingresó a la escuela de Arte de la Universidad de Chile, donde a meses de culminar su carrera, decidió que el mejor camino era imbuirse en el día a día del “mundo real”.
En este periodo trabajó desde telefonista de un call center hasta lavando platos en restaurantes, todo lo que hacen, añade, jóvenes que buscan sustento y que por lo demás quieren costear su vida y estudios.

AMOR Y ODIO A PUENTE

Su relación con el proceso cultural con la comuna se dio a través de una postulación que ganó para llevar a cabo un proyecto relacionado con murales y mosaicos.
Así se integró al equipo de Cultura del municipio, con el que tuvo fuertes desencuentros, debido a las visiones antagónicas que habían respecto a la política a desarrollar en la comuna.
Pese a ello, y estas diferencias, Castro encontró un espacio para desarrollar tu talento en la oficina de Seguridad Humana, que está a cargo de Olga González del Riego.
Aquí, Miguel Ángel Castro encontró un cierto grado de libertad para plasmar ideas y estilos, a lo que se sumó la participación de la comunidad, lo que él encuentra que es la clave de todo este proceso.
“Se pueden hacer obras de arte que tengan un cierto sesgo comunitario. Se pueden hacer para una investigación en el lugar que se va a intervenir; se habla con los vecinos, se levantan ideas, etc”, describe Castro.
Luego, este artista local toma esa información recogida en terreno y comienza a realizar bocetos, propuestas de obra, la que finalmente se visa y es mostrada a los vecinos, los que son, a la postre, los principales gestores.
-¿Te gusta esa forma de trabajo?
-Sí, fíjate. Podría ser mejor, pero no me desagrada del todo. Aquí por lo menos tengo la posibilidad de realizar la mayoría de los bocetos de las obras que hemos hecho. Yo, en este sentido, donde estoy actualmente, y quiero dejar eso súper en claro, Seguridad Humana, tengo libertad. Confían mucho en mi trabajo.

EL TRANQUE Y CORREOS

Para Miguel Ángel Castro, el ejemplo más claro respecto del arte social e intervención comunitaria, se dio desde el inicio del proyecto de El Tranque.
Acá fueron cuatro meses entre la capacitación a los vecinos por parte de expertos en murales y mosaicos, además del trabajo en sí en la plaza del sector.
Aquí participaron los integrantes del equipo permanente de mosaiqueros que tiene el municipio, que nació bajo el proceso de intervención en el Metro y que para juicio de Castro, “han hecho cosas bien bacanes”.
Así, dos miembros de ese equipo, junto a Miguel Ángel, levantaron un taller en el Tranque, donde los vecinos que participaron de este proyecto siguieron este camino del arte.
“Se motivaron tanto que luego de inaugurar el mural, ellos siguieron prendidos y ‘calientes’ y siguieron haciendo mosaicos luego del taller. Nosotros les dejamos todas las herramientas sobrantes del taller y ellos mosaiquearon solos un costado de su sede. Eso fue bacán y nos dimos cuenta que había un potencial ahí”, contó a Reportajes de PALD.
Luego de esto, varias personas que habían sido formadas en el mencionado taller, fueron contratadas para que realizaran el mosaico siguiente. Todas ellas, claramente, son remuneradas y son “expertos mosaiqueros”.
-Esta historia que cuentas, está dentro de lo que deseas en relación a la intervención artística, desde el punto de vista social.
-Es lo más bonito y somos un equipo que nos queremos mucho, porque básicamente es gente que yo la vi formarse y donde yo llegué como artista y ellos eran los usuarios y resulta que ahora somos colegas, digamos. Además, todos son de Puente Alto, gente común y corriente y se quedó porque genuinamente le gustó mucho ésto.
Ahora este grupo de vecinos-artistas junto a Miguel Ángel Castro, están realizando un mosaico en el frontis del recinto de Correos de Chile, que se ubica en Santa Elena con Irarrázabal.
A través del financiamiento de la Subsecretaria de Prevención del Delito, se está interviniendo este inmueble, donde hace muchos atrás funcionó parte de lo que fue la sede sindical de la empresa Hilos Cadena, en Puente Alto.
La idea que se plasmará tiene que ver con la temática de los símbolos de quienes repartían y hacen actualmente la distribución de los mensajes, de las noticias.
Así, ya se ve la figura mítica del chasqui, que eran los mensajeros del imperio Inca y que además fueron los que cimentaron el camino del mismo nombre uniendo localidades de la costa, cordillera, las sierra y el llano.
Por otro lado, estará el personaje del cartero chileno y su tradicional medio de transporte. Ambos, se unirán con la imagen de una gaviota que estará en la esquina de la casa.
Todo esto, será iluminado de manera especial con luces que estarán incrustadas en la vereda.
Para Miguel Ángel Castro todo lo que se está viviendo en Puente Alto con los murales y mosaicos es un proceso histórico del país, ya que Chile, asegura, nunca tuvo una etapa tan rica y fructífera en este sentido.
Sostiene que hay una apropiación -en el buen sentido de la palabra- de lo cotidiano, de lo local; de gente que tomó los pinceles y salió a pintar a las calles.
“Chile está todo rayado, la ciudad está reventada. Para mí eso es síntoma de salubridad. Para el 99 por ciento de la gente que piensa que es suciedad, para mí es síntoma de una sociedad más consciente”, cerró el artista puentealtino.
Sin duda que Castro o Kastro, como él se define, es un artista rebelde, complejo, pero a la vez es amante de lo social y de la gente simple, aunque más allá de este lado, quizás bondadoso, sigue siendo un disruptivo con talento.
-¿Te puedo tomar una foto debajo del monumento a Manuel Rodríguez?
-¿Será necesario?…

(Nota en edición impresa de sábado 20.10.18)

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