Una Labor un Personaje

18 febrero, 2019

Ana María Venegas, alma de comerciante

Ana María Venegas, alma de comerciante

 

Llegó a Puente Alto por temas de trabajo y de acá nunca más se movió. “La comuna me recibió con los brazos abiertos”, afirma.

 

20 años lleva doña  Ana María Venegas Poblete con su local de venta de ropa, mayormente enfocado en prendas femeninas, ubicado en plena calle en Santo Domingo, frente al número #241.

“Yo tuve una tienda de ropa en Peñaflor, por muchos años, la que cerré porque por esos tiempos llegaron los pagos con tarjetas, unido a la aparición de los  grandes centros comerciales, los que se masificaron, matando a las tiendas de barrio.  Un día a vine a vender mis remanentes a Puente Alto, y me fue muy bien,  tanto así, que empecé a ir todos  los días, yendo con un saco al hombro cargado de mercadería”, recuerda la mujer.

Los viajes contantes comenzaron a cansarla, por lo que decidió arrendar una casa en la capital provincial, la que posteriormente gracias  a un préstamo del banco, pudo comprar, estableciéndose definitivamente en la comuna. “Puente Ato me recibió con los brazos abiertos. Me encanta vivir acá. Por trabajo llegué y de aquí no me moví más”, señala.

Cuenta que de niña tuvo alma de comerciante,  lo que afirma haber heredado de su abuela materna. Ya con los años, se casaría con alguien también ligado a este rubro. De sus 4 hijos, tres le salieron “buenos para la venta”, comentando que el menor es todo un “busquilla”, que le va muy bien, dedicándose la venta de ropa y prendas personalizadas a distintas empresas.

Donde está doña “Anita”- como le llaman de cariño todo quienes la saludan- se emplazaba hace cinco años frente a su puesto el banco BBVA, donde los adultos mayores llegaban a cobrar su pensión el INP. “Me iba muy requete bien antes, pues los abuelitos pasaban a comprarme ropita una vez que cobraban su platita. Ahora, la época del año en que más bien me va es en Navidad… ¡pero antes, todos los días eran diciembre”, dice entre risas.

 

EL DÍA A DÍA

Con el correr de los años, doña Ana dice que ya se ha hecho su clientela, además de ser  muy querida por el sector. “Los cuatro que llegamos en un principio acá a vender seguimos hasta hoy. Antes esta cuadra y las demás  estaba llenas de locales, pero las ventas ya no son las mismas y eso hizo que muchos se fueran. Eso sí,  quienes me conocen todo este tiempo, me siguen comprando”.

El día laboral de Anita parte muy temprano, llegando a las 7.30 am, descargando la mercadería de su fiel camioneta, armado el local y ordenando las prendas de vestir, para, cerca de las 18 horas, comenzar a desmontar todo y volver a su hogar, trabajo que realiza completamente sola.

“Es sacrificada la venta en la calle. Acá se pasa calor, frío, pero la verdad ya me acostumbré con el tiempo. Eso sí me canso más rápido ahora, ¡pues yo soy buena para comer pues! Mis hijos quieren que yo ya no siga, pero yo creo que tener alma de comerciante, es algo con lo que se nace”, concluye.

 

(Nota en edición impresa de sábado 16.12.19)