Una Labor un Personaje

28 enero, 2019

Desde el infierno al tarot

Desde el infierno al tarot

 

Lleva más de dos décadas a metros de la Plaza de Armas entregando consejos y leyendo las cartas del destino. Vivió el mundo de las drogas y salió para contarlo.

 

Marcelo Rivera Riquelme (52) vive en la villa El Refugio y es parte del mosaico de personajes con que cuenta el radio céntrico de la ciudad de Puente Alto.

Con la lectura del tarot está hace más de dos décadas, luego de tener dos negocios en calle Clavero, los que tuvo que cerrar tras llegar a la “quiebra”.

“Quebré varias veces. Vendía inciensos. Fui uno de los primeros en vender estos productos que aquí no se conocían mucho”, contó a PALD.

Marcelo vive solo en su departamento de El Refugio. Pese a tener algunos familiares y una hija de 30 años, no tiene contactos con ellos.

“El tema de mi hija ya lo superé. La última vez que la vi fue cuando ella tenía seis años. Desde esa vez nunca más la he vuelto a ver o saber de ella. Quiero dejarla tranquila”, dice este hombre.

Con tranquilidad y franqueza, relató que desde hace un par de años dejó las drogas y el alcohol, para dedicarse a disfrutar la vida de manera plena.

“De un día para otro dije: ‘ya, nada más’. No bebo ni consumo nada”, recalcó el tarotista puentealtino, quien relató que vivió un verdadero infierno, que lo llevó luego a un tratamiento en el hospital, quedando con secuelas hasta el día de hoy.

De cómo llegó a la lectura de las cartas, es una historia que guarda con cariño Marcelo, ya que lo aprendió de su abuela Filomena Riquelme, quien siempre tiraba la baraja.

“Yo siempre pasaba en su casa, aprendía mucho. Además soy autodidacta y ahora hago artesanía, por ejemplo”, expresó Marcelo.

Según él, tiene un “don” para saber escuchar a las personas e interpretar sus emociones, por lo que las ayuda a encaminar sus cosas.

Según contó, son las mujeres sus clientes más fieles, quienes van en busca de certezas en temas del amor y trabajo.

Sin embargo, hay casos extravagantes, como aquella vez que llegó una  mujer adulta consultando por la fecha o momento de su muerte.

“Encontré rara esa petición. Todos sabemos que nos vamos a morir, pero conocer la fecha, es bien extraño, pero se ha dado”, comentó.

Marcelo Rivera es parte de los personajes puentealtinos que todo el mundo reconoce cuando viene al centro.

Su mesa, cartas y dos sillas, son su material de trabajo diario y su sustento, el que trata de hacerlo con respeto, ya que las personas confían en él y sus consejos.

“Yo llegué acá a la plaza cuando habían caballo de madera y árboles con buena sombra. Antes era el Ángel Azul, ahora me dicen el gurú”, dice en broma Marcelo, quien pidió a los puentealtinos vivir en paz.

 

(Nota en edición impresa de sábado 26.1.19)