Una Labor un Personaje

10 diciembre, 2018

Francisco Álvarez, el portero amigo

Francisco Álvarez, el portero amigo

 

28 años lleva en la portería del colegio Domingo Matte Mesías don Francisco Álvarez (65) -más conocido como “Panchito”- los que llegan a 30, pues antes desarrolló otras labores en el tradicional establecimiento puentealtino.

“Acá llegué por mi cuñado, que trabajaba de mayordomo, él me recomendó. Primero comencé con labores nocturnas durante un año y luego me cambiaron al día, en donde hice aseo en las salas de clases, hasta que en una oportunidad me ofrecieron ser el portero. ¡De ahí no me moví más”, señala “Panchito” entre risas.

Se define como un puentealtino de tomo y lomo, pues toda su vida ha estado ligada a la capital de la Provincia Cordillera,  y tanto su padre (agricultor y trabajador luego del Hospital El Peral) y su madre (dueña de casa), también son oriundos de la comuna.

De niño, estudió en la Escuela Consolidada, donde alcanzó solamente a cursar hasta 7º básico. “En la familia fuimos 9 hermanos, siendo yo el penúltimo.  Habían muchos gastos… imagínese… ¡éramos bastantes! Así que tuve que ponerme a trabajar desde muy temprano para ayudar en la casa”, cuenta.

Fue así como laboró  junto a uno de sus hermanos en trabajos relacionados con plantas de interiores, realizando en este aspecto mantenciones en lugares como el Hotel Tupahue, el Crown Plaza y el Bowling de Apoquindo, hasta que le ofrecieron  trabajo en el Domingo Matte Mesías. Lo demás, como se dice, “es historia”.

 

EL LADO HUMANO

En su diaria labor, don Francisco dice recibir  mucho cariño de la gente, ya sean apoderados, alumnos, profesores, y de quienes en general visitan el Matte Mesías.  “Fíjese que en la graduación de los 4º medios hace poquito, me contaron al otro día que los alumnos me mencionaron, acordándose de mí, lo que la verdad hizo que se me cayera una lágrima. A ellos les deseo de todo corazón lo mejor en este nuevo camino que emprenden”.

En todo este tiempo, comenta que en su trabajo ha  visto pasar  distintas generaciones de estudiantes, y que muchos de los niños que hoy van al colegio son hijos de ex alumnos del Matte Mesías. “Es algo muy lindo, y me emociona mucho”, sostiene. “Acá también  como la gente ya me conoce, conversa conmigo y me cuenta sus alegrías, así como sus penas y problemas. Uno trata de darle consejos, de levantarles el ánimo. Que depositen su confianza en mí me halaga muchísimo”, agrega.

Respecto a su futuro, señala que en dos años más dejará definitivamente su empleo en el colegio, lo que ya le ha contado a algunas personas, quienes lamentan su próxima partida.

“Todo tiene un ciclo. ¡Por supuesto los echaré a todos de menos! Mi hijo, que tiene una casita en la playa, me ofreció ir a vivir allá para que descasara. Es algo que aún estoy evaluando… ¡me queda algo de tiempo aún”,  concluye.

 

(Nota en edición impresa de sábado 8.12.18)