Una Labor un Personaje

6 diciembre, 2018

Mónica Vega, una vida ligada a la Provincia Cordillera

PERSONAJE

 

Más de 20 años en el Club de Adulto Mayor “Nuestra Señora de Fátima” lleva doña Mónica Vega Cofré, quien actualmente ocupa el cargo de presidenta. En su sede, que funciona en la capilla del mismo nombre, imparte además clases de repostería a sus socias, algo que de niña le fascinaba, pero que con el tiempo volvió a retomar, ya con menos obligaciones y con sus hijos mayores y titulados.

“Nací en San José de Maipo, en la localidad de Guayacán. Mis padres se conocieron acá en Santiago, en el trabajo. Él venía de Temuco y mi madre de Linares. Se casaron y se fueron al Cajón, donde también tuvieron a mis otros cinco hermanos. Al tiempo, nos fuimos como familia a vivir a Puente Alto”, señala.

En la capital provincial doña Mónica realizó sus estudios escolares, egresando finalmente del Colegio Santa Joaquina de Vedruna, casándose al poco tiempo. Su marido era oriundo de Pirque, por lo cual se fue junto a él a la comuna de aires rurales, hasta que se les hizo entrega finalmente a ambos de su anhelada “casita” en Puente Alto.

“Si bien fui dueña de casa, y me dediqué gran parte como madre a criar a mis 6 hijos, uno de ellos que adopté con mucho amor y cariño, siempre estuve haciendo  trabajos de forma independiente para ayudar en la casa, pues el dinero no alcanzaba”, relata.

Fue así como se las ingenió, y gracias a sus habilidades en temas relacionados con las manualidades, sobre todo en costura, se dedicó a la confección de diversos productos, contando incluso con un puesto al interior de donde hoy se encuentra Sodimac de Puente Alto.

Asimismo, confeccionó prendas para hospitales, que por esos años le encargaba CEMA Chile, entidad que le entregaba  los insumos necesarios. Una vez listos, debía ir a dejarlos a la sede ubicada en el centro de Santiago.

 

CATEQUESIS Y TRABAJO CON ADULTOS MAYORES

De forma paralela, y luego que sus hijos hicieran la primera comunión, doña Mónica se vio interesada en realizar clases de catequesis, las que cursó a los padres de los niños, comenzando en Pirque, donde estuvo por 14 años, las que luego daría en  la Capilla Nuestra Señora de Fátima en Puente Alto, por un periodo de 10 años. Fue precisamente aquí donde un día vio a siete abuelitas que se reunían en el lugar, las que se habían quedado sin club, por lo que se decide albergarlas en unos nuevo, que llevaría el nombre de la Capilla. De esto, ya han transcurrido más de dos décadas.

“Me encanta trabajar con los adultos mayores. Son personas responsables, amorosas y muy comprometidas. El club ya lleva cerca de 23 años, al cual quiero mucho. Como puede ver, no me he movido de la Provincia Cordillera, y a mis años ya, no creo que lo haga pues”, dice entre risas.