Una Labor un Personaje

6 noviembre, 2018

Sonia Valdés, vocación por la educación

Una Labor un Personaje

Desde pequeña, Sonia Valdés Tudela tuvo inclinación por la enseñanza, pese a que fue la primera de su familia en estudiar la carrera de pedagogía. Cuenta que de niña le gustaba imitar a sus profesoras en el colegio, lo que tomaba al principio como juego, lo que ya con el correr de los años se transformó en un llamado vocacional.

Oriunda de Pirque, hija de padre administrador de un fundo en San Vicente y madre dueña de casa, vivió rodeada de naturaleza en su niñez, “con muchos animalitos, árboles y frutas”, recuerda. Sexta de ocho hermanos, llega a Puente Alto a los 7 años a vivir junto a una de sus hermanas mayores, quien ya se había casado, cursando sus estudios en esta capital provincial primero en la Escuela Maipo y luego en el Liceo 115, actual Liceo Puente Alto.

Ya con la firme decisión de convertirse en docente, ingresa a Pedagogía en la Universidad Austral (Valdivia), regresando luego a la capital tras egresar, ingresado como profesora de reemplazo en la Escuela Nonato Coo: de eso, ya han pasado 35 años, establecimiento en el que se desempeña laboralmente hasta hoy.

“Llegué a la escuela un 5 de octubre de 1983, me acuerdo perfectamente. Después estudie en el Pedagógico para ser profe de matemáticas, asignatura que imparto actualmente a alumnos de 7º y 8 básico. Acá llevo prácticamente  toda una vida, he conocido a mucha gente, he vivido lindas y a la vez,  fuertes experiencias”, afirma.

Estudiantes de hasta tres generaciones han pasado bajo las enseñanzas de la profesora. “Los niños me dicen ‘usted le hizo clases a mi papá’, ‘a mi tío’, y  en algunas ocasiones ‘a mi abuelo’. Muchos se sorprenden por eso, y me preguntan ‘tía, ¿cuántos años tiene?’ Yo les digo que 90… me miran, se quedan pensando y me dicen ‘no, mentira’”, cuenta entre risas.

 

AYER Y HOY

La profesora hace una reflexión respecto a cómo han cambiado los niños en temas educacionales en las últimas tres décadas. “Antes eran más tímidos, más respetuosos. Hoy tienen más personalidad, son más activos, lo que atribuyo en gran parte a la tecnología, al contar hoy con toda la información en la palma de sus manos, de forma casi instantánea. Yo les cuento en las clases cómo se estudiaba antes, sin computador, sin internet, teniendo que ir a la biblioteca a buscar información, llevando lápiz y papel para tomar apuntes de los libros. Ellos se preguntan ‘¿era así de verdad?’”

En relación a su rol de profesora en esto 35 años, señala que la enseñanza “me ha enriquecido como persona. Me ha permitido compartir, dialogar, saber de cosas que  a veces desconocía, ver de cerca el hambre, la pobreza, la que he palpado y visto en persona. Eso es duro. Ser profesor es una vocación muy fuerte”.

 

(Nota en edición impresa de sábado 3.11.18)